EL MUNDO MAGICO DE BARUCH ELRON de MIRIAM OR

Nota: Este texto se constituye de extractos traducidos por Héctor Martínez Sanz de la introducción al libro “The magical world of Baruch Elron” (2004) de Miriam Or y hace parte de los anexos al libro “Baruch Elron”, Ed. Niram Art.

 

The Magical World of  Baruch Elron

Miriam Or: The Magical World of Baruch Elron

La obra de Baruch Elron manifiesta un mundo mágico en el que escenas de las esferas de la Creación, la Naturaleza y la vida del hombre se entrelazan. Su lenguaje es muy rico en símiles y combina elementos que simultáneamente compilan imágenes del mundo de la conciencia con aquellos de la inconsciencia, o mundo subconsciente.

El mundo de los sueños está conectado con la conciencia y la sensibilidad; esto da lugar a la visión creativa y al artista, como en el caso de Baruch Elron. Es la fuente original de la obra del artista. El arte en general, y Baruch Elron en particular, tiene la fuerza de expresar las profundidades del alma, los tortuosos caminos del laberinto que aquélla transita, y la conciencia y la memoria cinestésica que florece desde la experiencia personal y colectiva. Las obras de Elron se imprime en la cultura que él ha experimentado y desde la cual él continúa dibujando su inspiración. La inspiración es considerada el producto de un destello divino que se encuentra en el talento, junto a los recuerdos que el artista ha reunido a través de su vida, los cuales él expresa a través de un conjunto de asociaciones estructuradas. El acto creativo mismo se hace posible gracias a la incorporación a la conciencia de la intuición, lo cual tiene que ver con las llamadas “asociaciones creativas”.

Elron representa escenas de la vida cotidiana unidas a temas bíblicos, históricos, sociales e íntimos. Muchos de estos temas están infundidos de una rica imaginación que genera un mundo mágico. El proceso creativo se basa en significados simbólicos y metafóricos que recrean la ansiada armonía como resultado de un equilibrio entre los opuestos. Estos opuestos aparecen en una amplia gama de formas y fenómenos en el mundo tangible, concreto y material, además del mundo conceptual, espiritual y abstracto. La confrontación constante de los opuestos es inevitable e, incluso, necesaria por el hecho de ser la base de la existencia y el progreso. Esto crea un puente entre el pasado y el presente, aunque el proceso también permite la esperanza en el futuro. Figuras desconocidas y héroes bíblicos y mitológicos se convierten en actores en un animado y enérgico teatro de la vida en la obra de Elron, donde ellos actúan en escenarios reales de la vida convertida en teatro dentro del lienzo. En estos escenarios podemos observar transformaciones y metamorfosis del sistema vital. A través de las obras, leyendas, mitos, documentación histórica, las historias bíblicas desembocan en una reflexión sobre nuestras vidas –pero con la diferencia de tener un aura poco común de magia que puede afectar al espectador creando en él emociones y empatía-.

Cada acontecimiento histórico, bíblico o literario que Elron escoge para representarlo se convierte en corriente y tópico por medio de series de pinturas clasificadas por conjuntos de símbolos como la luz, la vela, la oscuridad y el huevo.

Cuando Elron toma temas de la Biblia, mitología, literatura, poesía o teatro, los inviste de un estatus tópico y activo, aboliendo el monopolio del tiempo y del espacio en la separación de las experiencias del hombre en el mundo. Esto conduce a la conclusión de que el tiempo y el espació no tienen una posición absoluta en el mundo real, lo mismo que la ideología, el formalismo o las normas reguladoras. Determinar un absoluto es una ilusión, aunque es algo que está firmemente establecido sólo en una posición relativa en la imaginación creativa del hombre (la afirmación revolucionaria de Albert Einstein en el siglo XX).

La aproximación de Elron a la Naturaleza, y especialmente a los impresionantes paisajes, son un intento por representar el presente, la transitoria y finita existencia, aunque también prosigue la búsqueda por el todo y el infinito. La aproximación holística de Elron al mundo ofrece muchos posibles cambios de formas, transformaciones, migraciones y metamorfosis. Elron es profundamente consciente de que cada cosa está unida a todo lo demás, y, por lo tanto, de que no existen diferencias esenciales con el todo, aunque sólo en sus circunstancias y en la manera en que es expresado. Este aserto es la base para intentar erigir sólidos puentes entre los opuestos, entre las situaciones diametralmente opuestas, entre diferentes mitos y tradiciones del Este y del Oeste, entre culturas y religiones.

El lenguaje pictórico de Elron se inscribe en un conjunto general e internacional de símbolos, aunque también está enraizado en su entorno inmediato –un simbolismo judío por un lado, y, por otro, un simbolismo tan personal como universal.-. El mundo está volviéndose global, a la vez que cada efecto de lo “micro” hay un mundo total y único. Las características de las pinturas de Elron (el cambio natural con su desarrollo dinámico) debe mucho al arte italiano y flamenco del Renacimiento. El contenido, en cambio, es tópico y está bien asentado en el presente, en la realidad moderna. Elron atiende dos caras de esta realidad: por la primera, usualmente entendida como dual, y la segunda como independiente, particular y reflejo de lo real. Esta aproximación capta la atención del espectador y recibe su aprobación y reconocimiento.

El acercamiento sintáctico-emblemático que podemos percibir en las obras de Elron nos abren a múltiples interpretaciones, las cuales se adecúan a la forma de pensar propia de finales del siglo XX y comienzos del XXI.

Elron ha tejido su camino artístico sin perder de vista sus principios y objetivos artísticos, siendo fiel a su conciencia y al estilo elegido, el Realismo Fantástico.

Elron emplea la fantasía como una forma de expresar el esfuerzo por mantenerse sano frente a una realidad amenazante. Las armas secretas para esta batalla son en ocasiones la ironía fascinante, el humor quisquilloso y criticismo constructivo. Estos desembocan en ocasiones en lo grotesco, y se expresan en símiles alegóricos y en una asombrosa capacidad técnica de arte puro como la composición, el trazo, el rico colorido y la adaptación expresionista de la descripción y el contenido.

Baruch Elron no es solamente un “Realista fantástico”, sino también un “pintor de los recovecos de la mente”, “un pintor de sueños”, “un pintor metafísico”, “un pintor simbolista”, “un pintor místico”, “un pintor de la naturaleza”, y así sucesivamente. Sus pinturas se extraen del arsenal individual, del almacén de la educación social, y de los artistas cultivados quienes tienen un extraordinario talento para la fantasía, que consideran al pasado como reflejo de su propio tiempo, con el que se hayan comprometidos completamente y que poseen una percepción tremendamente personal del espíritu de su época.

Cuando nos encontramos con las obras de Elron, debemos ser precavidos con nuestras interpretaciones desde el momento en que tras todas las pinturas se esconden fuertes elementos de parodia junto a otros elementos, igual de intensos, de espíritu sublime y trascendental. En ello hay puntos de contacto con las pinturas del Manierismo.

La obra de Elron despliega una cultura filosófica combinada con un entusiasmo burlón y una predilección por el valor de color y los efectos de la línea y la forma. En algunos de los trabajos existe un desarrollo de un incontrolado y reservado acicalamiento, el cual en ocasiones deriva en una recargada locura. Esto, a su vez, complementa a muchas pequeñas pinturas que van más allá de cualquier estilo de las grandes pinturas. Estas pinturas son un paso más frente a cualquier estilo discernible con una temprana sensación de ostentoso color que se impone a la inmutable totalidad.

Elron cambia constantemente su estilo y elección de los temas de acuerdo con los cambios que ocurren en la realidad y en los senderos del pensamiento; él está completamente convencido de que puede continuar con estas oscilaciones estilísticas en beneficio de la verdad del espíritu y de la verdad del arte.

Elron cree que la misión más importante de una obra de arte es restablecer las conexiones con el inconsciente, con el pasado y con las desconocidas oportunidades y posibilidades del futuro. Los artistas deben establecer activamente estos contactos a través de la creación de obras de arte, y pasivamente por medio de su contemplación y estudio. El propósito es traer los inquietantes sucesos de la inconsciencia al nivel de la conciencia. Un artista siempre retorna a los orígenes, incluso cuando sus pinturas pertenezcan a las escuelas de pensamiento surrealista o fantástica.

 

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