Medi Wechsler Dinu vista por Héctor Martínez Sanz

Artículo publicado en la Revista Madrid en Marco

Recientemente premiada con el Trofeo Victor Brauner en la Segunda Edición de los Premios Niram Art 2010, la artista de 101 años Medi Wechsler Dinu aún posee en sus ojos la mirada abierta y cariñosa que nos hace comprender, y más todavía, sentir, la realidad humana que refleja en sus obras, así como la humildad y grandeza de su arte.

Para comprobarlo, podemos pensar en los materiales, desde el sencillo dibujo a lápiz, pasando por el óleo sobre cartón y, sobre todo, sus numerosos trabajos en acuarela. De un material a otro, como si de una evolución estuviéramos hablando, va perdiéndose el perfilado del lápiz o del carboncillo a favor de la transparencia de los colores diluidos en el agua. Tanto a lápiz como en acuarela percibimos ese trazo joven de unas manos que han pintado a pulso y al dictado, no de los ojos, sino de la mirada personal e íntima de Medi Wechsler. Las líneas y los colores se transforman en la posibilidad, siempre insuficiente, de acceder por parte del espectador a la forma subjetiva con que la artista contempla el mundo. ¿Qué vemos? Retratos y paisajes, destacando en los primeros la humanidad de los motivos y en los segundos el subrayado de varios elementos como el agua y la naturaleza. Todo ello podemos unirlo en la imagen del pescador, de las barcas en la bahía de Balcic, donde el esforzado trabajo del ser humano corre en armonía con lo natural, tal y como armonioso resultan las barcas amarradas o encalladas. Cuando no es el azul del agua, las acuarelas de Medi Wechsler resaltan el verdor de los árboles, plantas y parques, de flores, campos y montañas, como marco de las casas bajas del pueblo perfectamente fusionadas con la naturaleza. En estas obras se llega a palpar una calma y una paz, una apacibilidad que, aunque acostumbramos a asociar a la villa de costa o al pueblo en el campo, pocas veces los urbanitas llegamos verdaderamente a saborear. El equilibrio del ser humano fusionado con su medio.

Tal y como existe una literatura de viajes, diarios etc., en la obra de Medi Wechsler Dinu descubrimos una “pintura de viajes”, un continuo reflejo de un rincón a otro, de un detalle a otro, a lápiz, óleo o acuarela, de todo lugar habitado por la artista. Desde luego, Balcic es el lugar preferido, pero no cabe olvidar Grecia, ni Bucarest, Moldavia y Bucovina, así como paisajes junto al Sena en la capital francesa.

Se trata del costumbrismo rural, terruñero, que enraíza al hombre en la tierra que cultiva o le ata al mar en el que pesca. Tierra y mar del que el hombre obtiene su alimento; Tierra y mar que son su sustento; tierra y mar de los que y en los que vive. Costumbrismo que, generosamente, carece de opinión crítica o retórica y excesos, y se aproxima más a las líneas de un posimpresionismo a la caza del sentimiento efímero. Igualmente cabe destacar en estas líneas clásicas, el trabajo de naturalezas muertas o bodegones florales, en los que Medi Wechsler vuelve a encontrar ese encanto y remanso de paz y armonía entre flores, donde el color y la luz retoman el protagonismo en la atmósfera de serenidad que inspiran.

Pero no sólo hay líneas clásicas. Si nos fijamos en obras como “Nud pe fotoliu”, “Nud în atelier” encontraremos referencias próximas a los estilos de vanguardia contra-realistas, donde la línea curva exagerada es definitoria del cuerpo humano atentando contra los cánones de proporción clásicos y se muestra más cercana a, por ejemplo, Henri Matisse. Del mismo modo, las acuarelas como “La Volos” o “Peisaj din pereastra la Balcic” muestra esa vista lúcida del interior al exterior a través de ventanas o enrejados, del espacio limitado al espacio abierto, que también encontramos en el francés.

Como vemos, en general las obras de Medi Wechsler, además de ser testigos de todo un siglo de arte y de vida, fundamentalmente son un auténtico modelo artístico del trabajo en acuarela sobre sus ejes de movimiento, luminosidad, transparencia y color, así como consigue que el dibujo a lápiz resulté al espectador de una sencillez inaudita. Una sencillez que emana de sus manos y su alma antes que de la mera técnica y se transmite hasta el papel o el cartón como si el pincel y el lápiz sintieran lo que siente la artista.

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